La grande belleza

CineCittà, Italia

La-gran-belleza-portadaLa grande belleza es un film de Paolo Sorrentino en la que puede contemplarse la incesante búsqueda personal de un esteta. El personaje principal Jep Gambardella, protagonizado por Toni Servillo, es un gentleman con cierta fama por haber escrito tiempo atrás una novela con éxito. Pero desde entonces no ha habido más. Su dedicación consiste en realizar algunas crónicas culturales como periodista y, principalmente, asistir a eventos insustanciales, reuniones vacías de interés y fiestas continuas y desenfrenadas. A sus 65 años se da cuenta de que no sabe quién es o qué ha hecho de provecho en la vida.

La_grande_bellezza__11En medio de este aparente entorno desolador, él sigue buscando la belleza. La película se regodea en largos planos que tratan de meternos en la mirada del esteta y se deleita en exagerados contrastes. Los diálogos manifiestan la crítica contra todos los discursos vacíos que se encuentran en todos los estratos de nuestra sociedad: el arte, la política, la religión, el periodismo o todas las relaciones sociales.

En medio de este esteticismo, aparece otro personaje desconcertante y un tanto surrealista: una monja anciana, arrugada y con fama de santidad que no posee ninguna belleza aparente. Pero, frente a todo pronóstico, es la única que consigue despertar el interés de Jep.

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Su discurso no está vacío, sino que parece apuntar a una realidad mucho más profunda y lejana. También resulta claro para nuestro esteta que, al final del film, dice unas palabras que -a mi entender- dan claves importantes de la película y de cómo la búsqueda de la belleza en lo meramente terrenal es finita, aunque muchos decidan quedarse ahí, como nuestro esteta:

“Termina siempre así, con la muerte. Pero antes hubo vida. Escondida debajo el bla, bla, bla, bla, bla. Y todo sedimentado bajo los murmullos y el ruido. El silencio y el sentimiento, la emoción y el miedo. Los demacrados, caprichosos destellos de belleza. Y luego la desgraciada miseria y el hombre miserable. Todo sepultado bajo la cubierta de la vergüenza de estar en el mundo. Bla, bla, bla, bla, bla. Más allá, está el más allá. Yo no me ocupo del más allá. Por tanto, que esta novela dé comienzo. En el fondo, es sólo un truco. Sí. Es sólo un truco”.

Con esta película comencé a introducirme en el mundo italiano antes de mi viaje. Ahora que ya estoy en Turín confundo a veces lo que veo con escenas de la película: las largas calles levantadas sobre campamento romano con continuos palazzos con sus balustradas a los lados; el continuo trasiego de aristócratas, artistas y gente estilosa contrastando con los indigentes que cada vez más viven en los soportales.

Torino exulta en cada una de sus piedras de haber sido sede real de la Casa Saboya y, en cierta manera, vive de su historia pasada. La ciudad está plagada de museos en los que pueden contemplarse todo lo que fue y ya no es: sede real, cuna de la unificación italiana, milagro industrial después de la segunda Guerra Mundial gracias a Ford, etc.

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La iglesias muestran toda la fuerza del barroco y se glorían de sus santos populares: San José Cafaso, San Carlo Borromeo, San José Cottolengo o san Juan Bosco entre otros. La nobleza y el pueblo. De hecho, en la piaza del Corpus Domini hay una especie de piercing colgando de una fachada en la que se representa la unión de la sangre azul noble con la roja del pueblo.

Ya, por último, dejo lo que más me emocionó: la Sindone o, más conocida en España, como Sábana Santa. Me impresionó que frente a la riqueza y casi excesiva exuberancia –para mi gusto- de las iglesias, il Duomo, donde se encuentra, es posiblemente de los lugares menos bonitos de la ciudad. No estaba expuesta, sino guardada detrás de un cristal, pero para que sirva como muestra, pongo la foto con la Sábana Santa expuesta. ¡Menuda cosa la Sábana Santa! Mis ojos no veían su belleza, sencillamente porque su belleza no es de este mundo.

Sindone

Me impresionó, además, el contraste con la salida. Este año Turín es la capitale europea dello sport y en las plazas y calles principales había muchísima gente en conciertos simultáneos y realizando los deportes más variados. La combinación entre el mármol, la nobleza, la pietà y los cantos de rap, las tiendas de Gucci, la diversidad étnica, junto con los saltimbanquis colgando del cielo es algo que todavía estoy digiriendo. Tempo al tempo.

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